Este fin de semana se celebró la fiesta de San Blas 2008.
Este año la Velá tuvo que cambiar su trayectoria en el camino hacia la Ermita de San Sebastián. Al estar la calle San Sebastián en obras, los negritos pasaron por la calle Arrieros, lo que provocó la confusión de alguna gente que creía que iban a pasar por la Plaza de la Constitución y les estaban esperando allí. Poco después de las 20:00 los negritos llegaron a la Ermita de San Sebastián, delante de la cual estuvieron bailando unos cinco minutos.
Diez minutos tardaron los negritos en llegar a la Ermita de San Bartolomé y San Blas. Los negritos hicieron sus bailes de la velá durante media hora. Ver los bailes dentro de la ermita fue complicado. Los mejores sitios (el púlpito y el altar) ya estaban ocupados quince minutos antes de que los negritos llegaran. El sacerdote tuvo que pedir a los de las primeras filas que se sentasen para poder ver todos la velá. Anécdotas de organización aparte, el baile de los negritos en la ermita se desarrolló como todos los años. Este año cuatro veteranos y dos jóvenes bailaron la zapateta, es decir, hubo más participación que en la zapateta de San Sebastián.
Si bien el día de la velá no llovió, el día 3 por la mañana la lluvia se hizo notar, aunque eso no impidió que entre las 12:30 y las 13:15 los negritos hicieran sus bailes en la plaza. Eso sí, la imagen del santo llegó a la plaza arropada por un plástico. En cuanto a la visibilidad de los bailes, se hizo difícil en las partes de la plaza junto al ayuntamiento, ya que hubo gran cantidad de gente que se coló en el recinto y no dejó ver a los que estaban en su sitio, es decir, fuera de la cuerda que marcaba el límite entre espectadores y negritos.
En la Plaza de la Constitución hubo dulces en la carpa además de la verbena. El museo etnográfico estaba abierto y se llenó de gente. El Centro de Iniciativas Turísticas también se llenó y la gente se llevó muchos folletos de todo tipo.
A las 15:30 se empezó a repartir, en condiciones climatológicas adversas (llovía cuando la estaban repartiendo), la paella. Como había gente que ya estaba pensando que la paella estaba demasiado mojada, el alcalde se acercó el primero a comer para demostrar que la paella aún era comestible, seguido por algunos concejales. Este año la paella no se acabó, y la paella sobrante se la llevaron en contenedores los cocineros.
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